Visitar Zurich: imprescindibles entre casco antiguo, museos y vistas alpinas
El casco antiguo, corazon latente de Zurich
Pasear por el Altstadt de Zurich es retroceder en el tiempo a traves de callejuelas empedradas bordeadas de casas con entramado de madera y fuentes esculpidas. El barrio se extiende a ambos lados del Limmat, el rio que cruza la ciudad antes de desembocar en el lago. En la orilla este, el Niederdorf rebosa de tiendas artesanales, cafes acogedores y pequenas plazas sombreadas donde apetece detenerse. En la orilla oeste, elegantes calles conducen a los escaparates de la celebre Bahnhofstrasse, una de las avenidas comerciales mas prestigiosas de Europa.
Dos edificios religiosos dominan el perfil del casco antiguo. El Grossmunster, con sus inconfundibles torres gemelas, recompensa a quienes suben a la Karlsturm con una panoramica impresionante sobre los tejados, el lago y las cumbres nevadas. Al otro lado del rio, la Fraumunster alberga las celebres vidrieras firmadas por Marc Chagall, autenticas joyas de luz que banan la nave de destellos azules, verdes y dorados.
Museos para todos los gustos
Zurich cuenta con mas de cien galerias y varios museos de primer nivel. El Kunsthaus, recientemente ampliado por el arquitecto David Chipperfield, presenta una coleccion excepcional que abarca desde los grandes maestros hasta el arte contemporaneo: Monet, Munch, Giacometti, Picasso y muchos otros comparten sus salas. El Museo Nacional Suizo, alojado en un edificio con aspecto de castillo junto a la estacion central, recorre la historia cultural del pais mediante exposiciones interactivas e inmersivas. Para un viaje fuera de Europa, el Museo Rietberg, enclavado en un frondoso parque en las alturas de la ciudad, desvela tesoros artisticos de Asia, Africa y Oceania.
El Uetliberg, balcon natural sobre la ciudad
A solo veinte minutos en tren desde la estacion central, la cima del Uetliberg se eleva a 871 metros y ofrece una vista sobrecogedora de Zurich, el lago y la cadena alpina. Senderos de excursion serpentean entre bosques centenarios de hayas y tejos, mientras que una torre de observacion brinda un panorama de 360 grados. Al atardecer, la puesta de sol desde este balcon natural constituye uno de los espectaculos mas memorables de cualquier estancia en Zurich. En invierno, una pista de trineo hace las delicias de las familias y un restaurante de montana sirve especialidades regionales en un ambiente calido.